El ingeniero agrónomo de la Universidad Politécnica de Valencia, José Luis Porcuna y Col, ofreció muchos datos sobre el cambio climático y, especialmente, sobre su incidencia en la agricultura. Pintó un panorama sombrío, pero también dejó un margen para la esperanza y, sobre todo, llegó a la conclusión de que la agricultura ecológica puede jugar un importante papel en la mitigación del cambio climático «contribuyendo a la reducción de los gases de efecto invernadero».
Eso sí, José Luis Porcuna dejó claro que hay que empezar a trabajar a la conquista de este objetivo, y hacerlo rápidamente porque los datos sobre el cambio climático «son muy preocupantes ». En España, por ejemplo, en el periodo 1976-1999 la temperatura ha subido 0,8º. «¡Qué tontería, se puede pensar!, pero si este dato lo aplicamos a la temperatura del cuerpo humano podemos estar seguros de que nuestro sistema se queda casi fuera de juego». Y es que según el ingeniero agrónomo, el cambio climático no sólo afecta a la temperatura, sino también a otros aspectos como las reacciones químicas de la atmósfera. «Las plantas, muy sensibles a estos cambios, ya los están acusando; debido al cambio en la calidad del aire, hay cultivos y producciones como la alcachofa, la patata o la judía que están sufriendo daños por ozono».
Y a esta realidad también contribuye la agricultura en la medida que se produce un consumo de energía –obteniendo carbono de las profundidades y llevándolo a la atmósfera– que los datos oficiales estiman en un 10,7%, «aunque según nuestros cálculos las emisiones de la agricultura convencional a la atmósfera rondan el 30%, al incluir el transporte, el uso de fertilizantes químicos y productos fitosanitarios, o la conservación de los alimentos». Estos datos le sirvieron para comparar la utilización de energía en los sistemas agroecológicos y convencionales. Y si para los primeros se necesitan 10 calorías para obtener una, en los segundos haagriculcen falta entre 15 y 20 para obtener el mismo resultado.
Conclusión: la agricultura química consume más energía para producir en forma de alimento y, además, la descarga residual es más grande y provoca, según José Luis Porcuna, «la contaminación de la cadena trófica –suelo, agua y aire–, la destrucción de la estructura de los suelos con productos fertilizantes y herbicidas, el incremento de plagas y enfermedades y, en definitiva, la acumulación de carbono en la atmósfera, a lo que también contribuye un sistema ineficiente de producción de energía para producir alimentos». Efectos en la agricultura Pero cómo se va a notar en la agricultura el efecto invernadero. A esto también se refirió este ingeniero agrónomo, quien apuntó que «las necesidades de agua de las plantas van a ser mayores, aumentará la presencia de insectos perjudiciales y se incrementará el daño potencial de las plagas».
En definitiva, si no se toman medidas, prosiguió, «van a cambiar las normas de producción y esto que para el Primer Mundo puede ser un problema, para los países pobres es un desastre total». Pero qué dicen los expertos del Panel del Cambio Climático en relación a la agricultura. Pues ofrecen algunos datos, como considerar muy positiva la cubierta permanente del suelo. «¿Pero no decían hace poco que había que tenerlo libre de cubierta vegetal con herbicidas?», se cuestionó Porcuna y Col. «Curiosamente, también dicen que la diversificación de rotaciones de cultivos es una buena práctica, se apuesta por la ganadería y la agricultura extensivas y por el consumo de productos regionales ». Si esto se dice ahora, «¿quién estaba equivocado?». Otro estudio sobre medidas para incrementar la captación de carbono en suelos agrícolas también habla de la apuesta por la extensificación, el laboreo reducido, la utilización de estiércoles y el compostaje, «prácticamente un manual de agricultura ecológica», apuntó con ironía el profesor Porcuna y Col. Hay más trabajos que también dicen que la agricultura ecológica «es más eficiente en la producción de trigo, patata o zanahoria y cuya eficiencia energética es incluso más del doble de la convencional». ¿Cómo es posible que con el potencial de producción de agricultura y ganadería ecológica que hay en España no se haya cogido el toro por los cuernos?, se cuestionaba este ingeniero agrónomo.
A su juicio, éste es un papel que en gran medida le corresponde a la Universidad, «de donde salen cada año cientos de profesionales que van a ser técnicos, asesores y funcionarios a los que hay que dejar de enseñar modelos caducos y muertos». Esperanza Entre todos estos datos y señales, el ponente concluyó su intervención con algún mensaje de esperanza. «Cuando se da marcha atrás no es para retroceder, sino para coger carrerilla. Quiero creer que se pueden hacer muchas cosas, que es posible una nueva manera de investigar, pensar y relacionarnos». Y lanzó, para terminar, un mensaje individual a cada ciudadano, porque el hecho de cómo nos alimentamos influye en el cambio climático. Así, el consumo de mucha carne y poca verdura incrementa el derroche de energía en su producción.
También ofreció datos de un estudio francés que incluso ha medido en qué porcentaje el consumo de productos ecológicos permite mitigar los efectos del cambio climático: «La comida ecológica disminuye en un 9% la emisión de gases que contribuyen al cambio climático; sólo comiendo la mitad de carne baja un 4%, y si recurres a productos locales y/o de temporada, entre un 2 y un 4%. Por último, hacerse vegetariano, un 8%». En fin, que margen hay desde la responsabilidad individual para modificar algunos hábitos alimenticios, colaborando al mismo tiempo a respetar el medio natural. La primera pregunta del coloquio que mantuvo el público con el ingeniero agrónomo José Luis Porcuna fue muy directa: «¿Cree que la agricultura ecológica está lista y dispuesta para dar de comer a 6.500 millones de habitantes en el mundo?» Y la respuesta no se quedó atrás. Algunos estudios que ya se han realizado estiman que lo que necesita una persona para vivir bien alimentada es alrededor de media hectárea, «de la que un 30% se dedicaría a cultivos hortícolas y frutales, y el otro 70% a patos y usos forestales para el ganado». Si se divide la superficie agrícola útil de la Tierra, continuó, «resulta que se podrían alimentar entre 11.000 y 12.000 millones de personas».
Cuál es el problema entonces. Pues que, por ejemplo, «lo que ocupa cada ciudadano español para mantener su nivel de vida está entre 3 y 3,5 hectáreas, mientras que los americanos duplican esta superficie». Por lo tanto, el problema no es de capacidad de producir de la Tierra, sino de un reparto mucho más equitativo de los recursos. En cualquier caso, planteó otro de los asistentes, la impresión que da es que la agricultura ecológica es menos productiva que la convencional, una apreciación con la que no se mostró de acuerdo el ponente. «Produce menos kilos a corto plazo –aseguró José Luis Porcuna– pero a medio y largo, incluso más. Pero claro está, si yo mido en un momento concreto la producción de una variedad híbrida con fertilizantes y una ecológica con estiércol, esta última pierde; pero a la larga, en un periodo de 20 años, su rendimiento es mejor». Y concluyó su argumento afirmando que «la agricultura ecológica es la que tiene las bases científicas y más capacidad que la convencional para mantener a entre 11.000 y 12.000 millones de personas».
Consumir menos La siguiente pregunta llegó de inmediato: «¿Está lista nuestra sociedad para reducir ese nivel de consumo? A esta cuestión tampoco respondió el ingeniero agrónomo José Luis Porcuna con medias tintas: «O te adelantas al tiempo, o el tiempo te adelanta», sentenció, para continuar argumentando que «el tiempo nos está alcanzando y nos va a sobrepasar». Cómo podemos pensar que vamos a estar permanentemente en una situación de crecimiento económico si todos los datos apuntan a que hemos sobrepasado la capacidad de recursos de la Tierra, se preguntó. En este sentido, tiene muy claro que desde el punto de vista técnico, científico y agroecológico «hay que empezar a hablar de decrecer; no hay otra salida, pero decrecer no significa perder calidad de vida».
Con mucho cariño y con gran conocimiento de causa, le dijo a su interlocutor que él conoce a muchas personas felices «que apenas consumen y disfrutan de todo lo maravilloso que ofrece la naturaleza». Reconoció, sin embargo, que el otro modelo, el del consumo desaforado, está ahí, «lo que está provocando cada vez más un choque, un tira y afloja». ¿Pero será posible que en poco tiempo estos esquemas vayan cambiando?, le insistieron desde las gradas. «Rotundamente, sí». En muy pocos años, «los más jóvenes vais a ver cómo será un delito incentivar a los niños al consumo; consumir desaforadamente estará mal visto y tendrá la consideración de una infracción y hasta de un delito». Ejemplos Y para mostrar que estas palabras respondían a apreciaciones concretas que él mismo ya había tenido la oportunidad de comprobar se refirió a varios ejemplos relacionados con la agricultura ecológica.
«En Mercadona –aseguró José Luis Porcuna– a partir de 2011 todos sus productos hortofrutícolas van a ir con residuo cero; así se lo ha exigido la cadena a sus proveedores y nadie ha dicho que no». «Estamos en un momento de choque frontal –concluyó– y vamos a ver cambios espectaculares en poco tiempo». Él mismo apuntó otro que ya es una realidad: «En Almería, lo que se producía en sus invernaderos era pura química, pero con este tipo de agricultura están viendo que se les cierran mercados como el del pimiento en Alemania y a día de hoy, el cambio en Almería ya se está produciendo: hay 18.000 hectáreas sin herbicidas y 2.000 de agricultura ecológica ». Y así, muchos más.
miércoles 6 de enero de 2010
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